El espíritu de Bizkaia
Cuando algo no está de moda, me atrae
especialmente, porque es muy probable que tenga peso, que sea interesante.
La espiritualidad no está de moda. Nada
relacionado con la religión lo está. Por eso esta exposición, que une dos
conceptos tan sencillos como incomparables —lo espiritual y Bizkaia—, prometía.
Así que he ido a verla al Museo de Arte
Sacro de Bizkaia (que está en Bilbao, dónde si no, oyes), y me he encontrado
con una sorpresa mayor de la que me esperaba: la exposición es magnífica. He
tenido la suerte de estar solo y de relacionarme con los cuadros a menos de un
metro de distancia, sin modernas seguridades, junto a mi cuerpo, lo que me ha
hecho sentirlos en mayor grado.
Voy a mostrar aquí unos pocos ejemplos de
lo que hay, que es muchísimo. Empecemos por una vista del patio interior del
museo, tomada desde las salas de la exposición.
Y sigamos, para empezar, con una
sorprendente Anunciación, de Genaro Urrutia, que nos remite, por supuesto, a
las de Fra Angélico y otros…, pero con un curiosísimo aire vasco.
No podía faltar la patrona de Bizkaia, la
Virgen de Begoña, cuya iglesia-basílica pintó Adolfo Guiard en el novedoso
estilo impresionista, variedad plenairista, donde se ve la espadaña rota por la
tercera guerra carlista.
Lo siguiente es una obra modernista de
Isidoro Guinea: la Virgen del Pescador. Observen en la orla la elegante oración
a la Virgen.
Y seguimos cambiando de ambientes y
estilos. Vean la capilla que diseñó el arquitecto Manuel María Smith para la
familia Lezama Leguizamón. Medievalismo tan descarado como disfrutable.
¿Y por qué no sale Portugalete?, se estarán
preguntando ustedes. Tranquilos, que en el siguiente cuadro se nos ofrece una
preciosa vista, casi postal, de la villa jarrillera (de “jarro”, para pimplar).
Y vamos a acabar con una curiosa imagen de la Inmaculada Concepción, perteneciente a la catedral de Santiago, que más bien parece un maniquí de diseño vintage.
Y aquí acaba esta pequeña visita virtual,
pensada para abrir boca. Visiten la exposición y no lo lamentarán: descubrirán
muchas otras joyas.
Gracias.










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